Suena un teléfono
Miércoles 11 - 8:00 a.m.
Suena un teléfono. El sonido rebota en el vació de un despacho de cortinas marrones y cuadros frÃos que adornan las paredes. Una pirita poco despreciable hace las veces de pisapapeles sobre la mesa de cristal.
-Hola soy Naza, ya sabes, deja tu mensaje... "biiip"
Miércoles 11 - 10:00 a.m.
Elegante como cualquier otro dÃa vulgar, entra Dn. Naza Pla en el ayuntamiento. Deja su chaqueta en un perchero tras la puerta, se agita el pelo con la mano y se dirige taconeando, con sus impecables zapatos, hacÃa la mesa despacho, donde una luz roja requiere su atención.
Presiona el botón del contestador automático y escucha atento desde su asiento. Toma su teléfono y marca.
Un teléfono suena ahogado entre almohadones.
-Diga
-Hola, querÃa hablar con Dama Silva
-No, salió ¿quién es?
-De acuerdo (cuelga)
Retoma el teléfono y marca un nuevo número. El celular al que llama esta apagado, no da señal. Antes de que volviera a colgar, unas piernas asomaron por la puerta, y tras ellas una dama elegante de pelo interminable.
Naza se muestra molesto.
-Escuchaste mi mensaje – Concluyó la dama
-Si ¿cual ha sido y donde está?
-Esta en el cruce entre la calle VÃctimas del franquismo y Rey don Juan; ha sido con el último rojo que compré.
Desde aquel despacho se efectuarÃan cuatro llamadas antes de que un vehÃculo jamás hubiera existido.
Miércoles 11 - 9:25 a.m.
Suena un teléfono.
-Hola buenos dÃas
-Olà ¿quien es?
-Busco algún familiar de... un momento.... Jardiel Sâo Mendes ¿conoce a esta persona?
-No, ya se fueron hacÃa España. Vivian aquà alquilados Jardiel y una hermana.
-...
-...
-Gracias, buenos dÃas.
Los agentes recogerÃan ropa durante veinte minutos mas hasta que después de indagaciones y pesquisas telefónicas, se confirmara a los de la morgue que era un cadáver sin dueño. Sus restos irÃan a una bolsa etiquetada con una simple pegatina escrita a bolÃgrafo para acabar alimentando las voraces neveras del depósito.
Miércoles 11 - 5:30 a.m.
Un cualquiera de tantos, escuchaba buena música en la radio mientras conducÃa por una carretera secundaria cuando, de pronto, un obstáculo, desvió su coche de la carretera, maniobró consiguiendo hacerse con el control de la máquina y aparcar en la cuneta.
Se apeó para ver lo que habÃa impactado contra el. Tuvo que oÃrlo antes de verlo. Una oveja huida del rebaño, en busca de su tan ansiada libertad se topó con el destino, que esta vez tenia forma de Seat. Allà tendida, casi muerta pero viva... su llanto puso nervioso al conductor, mas que el propio dilema en el que se veÃa inmerso. El, que jamás antes se hubo imaginado en tal situación, un amante de los animales como lo era ¿que debÃa hacer en un caso asÃ? con las vÃsceras aun calientes sobre el asfalto era imposible salvar ya su vida ¿pero como podÃa sacrificarla? era grotesco solo el imaginarlo; tampoco la podrÃa dejar en aquella agonÃa desgarradora. Se sintió mal, sintió formar parte de este sistema de maquinas veloces, de maquinas atroces.
Y fue desde aquella posición, frente al animal herido, tapándose la boca con ambas manos, que el individuo emprendió vuelo hacia todas y cada una de las direcciones donde se dirigieron sus miembros y órganos vitales.
Que gran lección, pensando a trozos desde el suelo, que aquel coche ni siquiera dudó.
Ni siquiera paró.


Susset dijo
Me comentan que quién lea esto se va a quedar igual. Al fin y al cabo, cuando de verdad disfruto es cuando creo ambigüedad.
12 Septiembre 2006 | 02:29 AM