Sudor
La noche es muy calurosa. Ambos sudados, extasiados… respirando profundamente con la mirada al techo.
Los vecinos debrían estar dormidos o guardando un estricto silencio. Una tos rompe el silencio y no se hace esperar la reacción de mi acompañante:
- ¡Ayyy nena! tráeme el tosferin
Nos descojonamos febrilmente hasta llegar al dolor de estomago. De nuevo, se hace el silencio, respiramos para recuperar el aliento tras la broma.
-Imagina que el cuarto de esa mujer que tosía es ahora la escena de una buena película ¿Cómo te la imaginas tosiendo? - Le dije mientras nos abrazabamos, lascivos.
-Joder… ¿Qué dices? ¿Que ahora entra alguien y la mata?
-No, no me refería a eso… a ver, por ejemplo… a esa mujer la imagino… Bueno no, mejor. Ella no nació en esta ciudad, ni siquiera en este país, ella es de una ciudad muy lejana de la que tuvo que emigrar con tan solo quince años. Su tierra, la ha añorado todos estos años. Su torre, desde la que contemplaba el ámbar flamígero de los atardeceres, sigue proyectando su sombra sobre los tejados de pizarra roja, porque su recuerdo es tan fuerte que ni los rayos del sol lo pueden atravesar.
Aquí, se reinventó a si misma siendo consciente de que su alma, si es que existe, se quedó allá, en su tierra, callejeando entre colores chillones y miradas con enigma.
Y así, día a día envejeció tras las sedas del anonimato. Hace unos días, descubrió por casualidad una foto. Su torre, sola frente a uno de aquellos atardeceres que tanto admiró. Finalmente, yo creo que tras llorar emocionada durante horas se propuso que antes de morir construiría una reproducción de su torre con palillos. Desde entonces ha pasado muchas horas sin levantarse de la silla, dieciséis horas lleva sentada frente a la mesa con palillos desparramados por toda la mesa y un bote de cola blanca. Y es por eso que tose. El pegamento le esta empezando a irritar la garganta y las fosas nasales.
- … ¿y esto a que viene?
- No sé...- No acabó la frase y de nuevo reiamos como parvulos. Nos devolvimos las lenguas cuando necesitabamos respirar.
Después de tenerla sobre mí, desfigurados nuestros rostros de lujuria, respiramos. Y antes de soñar, dejamos que la oscuridad seque un poco del sudor nos une.
Amaneció sobre las dos y media del mediodía. Damasco, pasó la noche tosiendo y maldiciendo las espinas de pescado.
-¿Qué crees que eran esos ruidos que se han escuchado durante la noche?- se desenmarañaba el pelo mientras preguntaba a su marido
Este sonrió irónicamente y le contestó:
-Amantes de esos que trabajan hasta tarde y comienzan la fiesta cuando los demás duermen, bueno, lo intentan… menuda noche con la tos. Haz el favor irte al sofá cuando te pase algo parecido.
-Joder “¿como habré acabado en esta triste rutina contigo?”– pensó para sí misma- Ahora solo me queda imaginar, no creo que jamás vaya a vivir una de esas historias que narran los poemarios. Con tanta ilusión por vivir, y me he quedado aquí quieta, estancada en esta casa contigo para que la muerte no tenga problemas para encontrarme. Me doy pena.
-Lo entiendo, pero venga pero no te pongas triste, a ver si la semana que viene pido un día y vamos al cine. Cari... cariño, aparta, no me dejas ver la tele.
Se apartó sumisa y desde la puerta se percibió una despedida aún por dibujar:
-¡Voy a por tabaco!
Quizas pudo volver a casa con otro paquete de tabaco con el que llenar de humo sus ojos para no ver lo que no quería ver.
Quizas salió de casa para no volver y las cosas no le fueron tan bien como pensaba, o quizas si.
O quizás podría ser esa anciana que cada mañana veo en la estación, sentada en su banco rodeada de cartones y que la gente mira con algo muy parecido al desprecio.
"Eso jamás me pasará a mí" parecen pensar mientras apuran el paso mirando su reloj.

Claro que no amigos, nunca arriesgareis tanto por un sueño.
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A los que sueñan despiertos
21-06-06


IRis dijo
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27 Junio 2006 | 09:41 AM