Independencia, supervivencia.
Mi historia termina muy rápido. No te vayas es solo un momento.
Sentía cada jornada que era capaz de sobrevir solo allá lejos, de andar tras las montañas. Cuando mis padres dormían la siesta llenaba un vieja bolsa de deporte gris con papel higiénico, navajas, cuerdas, mejillones en conserva y un palo que haría las veces de cetro cuando construyera mi nuevo imperio. Tras las montañas.
Venia la familia a comer paella, hablar de ideas inviables con las que proyectar su vida hacia la riqueza, buscar esparragos, otro dia... dominguero.
Tras 3 intensos minutos de pueriles argumentos, tenía un nuevo aliado en la empresa de autosuficiencia, mi primo.
- Papá, vamos a dar una vuelta – chutábamos un balón mientras caminábamos hacía la puerta para no levantar sospechas. Críos, no ingenuos.
- Cuidado con los alacranes – dijo mi padre
- ¡¡NENE!! No te vayas a manchar,ya veras como al final la tenemos – siguió mi tia
Ya llevábamos tres horas de lenta caminata bajo el sol y al girar la vista todavía se podía ver el chalet, frustrante. Nuestro plan no iba a abortar tan facilmente, estabamos hablando de crear un un modelo de vida autosuficiente. Viviriamos cerca de un rio en el que abastecernos de agua y pescado y próximo a un bosque donde poder cazar.
Caia la noche y el valor se tornó miedo. No miedo a morir al hambre, miedo a todo. Me lamentaba sentado en una piedra. Fue mi socio quién dió animos al equipo, me tendió la mano y seguimos caminando hasta que nos tomó la ceguera.
Amanecímos sucios, pequeños como siempre, sucios como siempre... estabamos deshorientados.
A pesar de todo y el mal olor de pies... ya eramos independientes, habíamos sobrevivido a la naturaleza.
Emprendimos la marcha, cruzamos un campo de centeno y atardecimos en un bosque situado en ninguna parte, al parecer habiamos avanzado demasiado incluso para nuestras expectativas.
Los dos dias posteriores, seguimos caminando en diferentes direcciones y todas ellas desembocaban en bosques similares. Recuerdo haber cruzado cuatro. Quizas mi primo, alguno más.
Tras apartar unas ramas, llovió plomo sobre mi, caí sobre la tierra y tube tiempo para saborear el plomo, como al chupar una vieja pulsera .
Treinta años antes, dos niños quisieron ver que había mas allá de las montañas. Querían ser independientes. Vivir libres, sin autoridades.
La cosa era sencilla. Se asentarían cerca de un rio donde poder abastecerse de agua y pesca, y cerca de un bosque, donde poder cazar.


Susset dijo
Hay quién cree que el destino está escrito. Bueno, y si es así... ¿por qué no se podría apiadar de nosotros?
14 Junio 2006 | 03:04 PM