A la mesa ¡Que se enfría!
He dejado la moto en el mecánico (en una hora estará lista según el). Saliendo del taller he entrado en el bar más próximo, con el ánimo de hacer tiempo y si el rugir del televisor me lo permite, estudiar.
Dudó ¿una cerveza o un café? Voy a estudiar.
- Un café
El camarero tiene una indiscutible cara de camarero.
- ¿Te importa si me siento allí? – señalo una de las mesas sin mantel que más distancia guarda con el escandaloso televisor
- Esque hoy me han reservado 4 mesas para comer - “¿a las cinco a comer?”
Cojo mi café y me siento cerca de la entrada, a un metro del televisor, que me está hipnotizando y cerca de la puerta de cristal por la que entra, bastante optimista, la luz.
Ha entrado un hombre de un sesenta años que tose de una forma estertorosa, cuando no, asquerosa. Mira el televisor con gran atención mientras sostiene su cerveza caliente en la mano. ¿Está mirando la tele? Hablan de los devenires amorosos de los famosillos ¿Y el lo está mirando? Viéndolo absorto en la caca televisiva, he pensado ¿Lo admitirá delante de los amigotes mientras juega al dominó con el puro en la boca?... y mas aún, no tiene mucho fundamento tachar a las mujeres que, ven comodamente desde su sofá el cotilleo, de marujas, cuando hay hombres que van a un bar vacío y miran entretenidísimos como Rociíto huye de la prensa, mientras sostienen una cerveza caliente en la mano. Eso no tiene nombre.
Acaba de entrar el mecánico a ¿tomarse un café?, el muy cabrón me dice “ahora te aviso” ¿¡Cabrón!?
El tiempo sigue pasando en el reloj del Valencia que preside la sala y sobre mi mesa descansan un estuche abierto, una hoja de libreta y café terminado desde hace ya… un buen rato.
Nota: el mecánico también ha sucumbido al hipnótico televisor.
...No es por ser presuntuoso pero ¿Dónde están esos veinte comensales que tienen preparado el arroz al horno desde hace más de media hora? Lo sé, porque la cocinera salió del bar estando yo aquí sentado.
El camarero se pasea con la mirada cansada, limpia ceniceros para matar el tiempo, revisa que la cafetera funcione como cada día lleva haciendo desde… noventa años diría yo por el aspecto que presenta el local. Al entrar me he imaginado al Capitán Alatriste y sus amigotes con una copa de coñac sentados frente a mí.
Bueno ya va siendo hora de que vaya a meter presión al taller, hace veinte minutos que se fue el mecánico.
Que queréis que os diga, por la cara que pone el camarero viendo las mesas vacías con veinte menús fríos encima del banco de la cocina. Si esta es la tónica general que vive a diario y le encanta el arroz al horno.
Ya sé lo que hay de primero dentro de diecinueve días.


Cora dijo
Me han encantado tu forma de relatar este "fantástico" día que has tenido :P
La verdad es que todos tenemos esa doble moral de criticar lo que nosotros mismos hacemos,¿por qué será?. Seguimos viviendo en un mundo en el que reina la hipocresía las 24h del día y por tanto, nos estamos convirtiendo en grandes actores a penas sin darnos cuenta.Bss!
22 Mayo 2006 | 07:50 PM