Mi primierda comunión
Borja Möund Eiork, “Curry” para los colegas, ya llegaba quince minutos tarde cuando noto que había perdido un calcetín entre las sabanas y el otro lo tenia medio salido; con la gratificante sensación que, como todo sabemos, esto provoca.
— ¡Joder, joder! — dijo para sí —, van a pasar el resto de sus vidas discutiendo por el triste mando de la tele y terminando todas las veladas en las sabanas del día anterior… y lo celebran. Manda huevos.
Se dirigió, cual zombi, hacia la cocina a por su cafetito mientras que, con la mano derecha, se rascaba cuidadosamente el escroto para no lastimarse.
La luz que penetraba por la ventana cristalizó sus legañas más allá de lo habitual. Alertado por la dureza de estas decidió tomar medidas drásticas; estaba decidido, si era necesario, a lavar su cara. Ya con la cabeza bajo del grifo echó mano del jabón y se frotó la cara con fuerza. Con lo desconcertante del asunto usó su tinte para bigotes en lugar de jabón, al levantar y mirar su cara en el espejo, se repugnó a si mismo. Se sintió ridículo habiendo confundido el envase de tinte con el de jabón. Este mismo error lo habría cometido cualquiera en su lugar, no tenia jabón.
La higiene — dijo azotando el aire frente a su reflejo —, es para los curas y los chaperos, los primeros la necesitan para lavar su fariseísmo y los segundos para limpiarse los restos de espíritu santo de las nalgas después ser confesados tras los setos.
Para Borja, una boda era un potaje de hipocresía donde reinaban los besos, que tan solo buscan la huida mas rápida, y los pérfidos corrillos de cotorr@s. Así, con zapatillas de la firma “Paredes”, unos vaqueros agujereados que, desde que Ovidio se los mordió de pura lujuria mientras jugaban con el cuero, se iban deshilachando vertiginosamente, y una camisa por fuera que, sin duda, hacían de el un autentico hombre de locura; claro esta, si no hubiera sido para ello un impedimento los mechones de pelo que, secos bajo el tinte daban a su cara un aspecto curioso.
El salto, desde la ventana hasta el asfalto, no le salió tan bien como acostumbraba; eran los gajes de vivir ocupado. (Y… si, querido lector, ocupado, derrocha polisemia)
De camino al bodorrio se cruzó con dos ancianos, un perro que caminaba a saltos, instaladores del gas y un edil. Ninguno de ellos supo de donde venia ni a donde se dirigía, tan solo vieron un desconocido con melena al viento y paso veloz.
Se apresuró en saludar a la familia. La verdad, no fue muy bien recibido.
Antes de que llamaran a los de seguridad, Curry ya había llenado sus bolsillos de ternera con patatas, pan y un par de botellas de vino descorchadas que chorreaban a cada salto que este proyectaba sobre las mesas, para el espanto y repugnancia de los allí congregados. Subido encima del mantel de los novios que, no salían del asombro de ver como un desconocido devoraba cuanto se ponía a su alcance, miró a la novia a través de su melena despeinada con restos de pan y se giró hacia los comensales dando la impresión de disponerse a recitar un discurso demencial, cuando de pronto, se bajó los pantalones dejándolos caer ruidosamente sobre el plato de la novia y, si señor, allí mismo con cara de esfuerzo y un temblor enfermizo, logró desplomar una solemne barra de mierda rebosante de colorido, cual pradera en primavera.
El culo le escocia un poco después de correr 5 manzanas con restos de pastel liquido friccionando en su ano; paró para tomar aire, se limpió el culo con la manga y se sintió feliz… como ningún otro ser vivo sobre la tierra, había acometido su sueño.
Borja fue un hito en mi vida, tan solo el, supo decir sin palabras, lo que todos hemos pensado entre dientes:
“Yo, me cago en las bodas”
Desde aquí un cordial saludo a Borja; esa mierda… la cagó en nombre de muchos.


Susset dijo
A la vista está que este relato “ficticio” derrocha repugnancia y una auténtica lujuria escatológica. ¿Por qué? En dos palabras “Boris Vian”.
Este relato “Mi primierda comunión” lo escribí como ejercicio, intentando sacar lo más primitivo de mi ser, esas cosas que a uno le hacen reír y que harían vomitar a mas de uno.
Leyendo a Boris, uno se ríe, se ríe muchísimo… ¿Cómo las palabras “hueles mal” me pueden hacer reír durante un día entero? esta claro: el contexto.
En la invención del contexto, este tipo es único; situaciones inhóspitas, violentas, deplorables, absurdas… muy absurdas, pero siempre con maestría.
En fin, este “mi primierda comunión” no es ninguna joya, eso salta a la vista, pero disfrute tanto escribiéndolo, imaginándolo… que se merece un hueco en el blog.
18 Febrero 2006 | 08:26 PM