Categoría: relatos cortos
12 Septiembre 2006
Miércoles 11 - 8:00 a.m.
Suena un teléfono. El sonido rebota en el vació de un despacho de cortinas marrones y cuadros fríos que adornan las paredes. Una pirita poco despreciable hace las veces de pisapapeles sobre la mesa de cristal.
-Hola soy Naza, ya sabes, deja tu mensaje... "biiip"
Miércoles 11 - 10:00 a.m.
Elegante como cualquier otro día vulgar, entra Dn. Naza Pla en el ayuntamiento. Deja su chaqueta en un perchero tras la puerta, se agita el pelo con la mano y se dirige taconeando, con sus impecables zapatos, hacía la mesa despacho, donde una luz roja requiere su atención.
Presiona el botón del contestador automático y escucha atento desde su asiento. Toma su teléfono y marca.
Un teléfono suena ahogado entre almohadones.
-Diga
-Hola, quería hablar con Dama Silva
-No, salió ¿quién es?
-De acuerdo (cuelga)
Retoma el teléfono y marca un nuevo número. El celular al que llama esta apagado, no da señal. Antes de que volviera a colgar, unas piernas asomaron por la puerta, y tras ellas una dama elegante de pelo interminable.
Naza se muestra molesto.
-Escuchaste mi mensaje – Concluyó la dama
-Si ¿cual ha sido y donde está?
-Esta en el cruce entre la calle Víctimas del franquismo y Rey don Juan; ha sido con el último rojo que compré.
Desde aquel despacho se efectuarían cuatro llamadas antes de que un vehículo jamás hubiera existido.
Miércoles 11 - 9:25 a.m.
Suena un teléfono.
-Hola buenos días
-Olà ¿quien es?
-Busco algún familiar de... un momento.... Jardiel Sâo Mendes ¿conoce a esta persona?
-No, ya se fueron hacía España. Vivian aquí alquilados Jardiel y una hermana.
-...
-...
-Gracias, buenos días.
Los agentes recogerían ropa durante veinte minutos mas hasta que después de indagaciones y pesquisas telefónicas, se confirmara a los de la morgue que era un cadáver sin dueño. Sus restos irían a una bolsa etiquetada con una simple pegatina escrita a bolígrafo para acabar alimentando las voraces neveras del depósito.
Miércoles 11 - 5:30 a.m.
Un cualquiera de tantos, escuchaba buena música en la radio mientras conducía por una carretera secundaria cuando, de pronto, un obstáculo, desvió su coche de la carretera, maniobró consiguiendo hacerse con el control de la máquina y aparcar en la cuneta.
Se apeó para ver lo que había impactado contra el. Tuvo que oírlo antes de verlo. Una oveja huida del rebaño, en busca de su tan ansiada libertad se topó con el destino, que esta vez tenia forma de Seat. Allí tendida, casi muerta pero viva... su llanto puso nervioso al conductor, mas que el propio dilema en el que se veía inmerso. El, que jamás antes se hubo imaginado en tal situación, un amante de los animales como lo era ¿que debía hacer en un caso así? con las vísceras aun calientes sobre el asfalto era imposible salvar ya su vida ¿pero como podía sacrificarla? era grotesco solo el imaginarlo; tampoco la podría dejar en aquella agonía desgarradora. Se sintió mal, sintió formar parte de este sistema de maquinas veloces, de maquinas atroces.
Y fue desde aquella posición, frente al animal herido, tapándose la boca con ambas manos, que el individuo emprendió vuelo hacia todas y cada una de las direcciones donde se dirigieron sus miembros y órganos vitales.
Que gran lección, pensando a trozos desde el suelo, que aquel coche ni siquiera dudó.
Ni siquiera paró.
servido por miperroesinmortal
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21 Junio 2006
La noche es muy calurosa. Ambos sudados, extasiados… respirando profundamente con la mirada al techo.
Los vecinos debrían estar dormidos o guardando un estricto silencio. Una tos rompe el silencio y no se hace esperar la reacción de mi acompañante:
- ¡Ayyy nena! tráeme el tosferin
Nos descojonamos febrilmente hasta llegar al dolor de estomago. De nuevo, se hace el silencio, respiramos para recuperar el aliento tras la broma.
-Imagina que el cuarto de esa mujer que tosía es ahora la escena de una buena película ¿Cómo te la imaginas tosiendo? - Le dije mientras nos abrazabamos, lascivos.
-Joder… ¿Qué dices? ¿Que ahora entra alguien y la mata?
-No, no me refería a eso… a ver, por ejemplo… a esa mujer la imagino… Bueno no, mejor. Ella no nació en esta ciudad, ni siquiera en este país, ella es de una ciudad muy lejana de la que tuvo que emigrar con tan solo quince años. Su tierra, la ha añorado todos estos años. Su torre, desde la que contemplaba el ámbar flamígero de los atardeceres, sigue proyectando su sombra sobre los tejados de pizarra roja, porque su recuerdo es tan fuerte que ni los rayos del sol lo pueden atravesar.
Aquí, se reinventó a si misma siendo consciente de que su alma, si es que existe, se quedó allá, en su tierra, callejeando entre colores chillones y miradas con enigma.
Y así, día a día envejeció tras las sedas del anonimato. Hace unos días, descubrió por casualidad una foto. Su torre, sola frente a uno de aquellos atardeceres que tanto admiró. Finalmente, yo creo que tras llorar emocionada durante horas se propuso que antes de morir construiría una reproducción de su torre con palillos. Desde entonces ha pasado muchas horas sin levantarse de la silla, dieciséis horas lleva sentada frente a la mesa con palillos desparramados por toda la mesa y un bote de cola blanca. Y es por eso que tose. El pegamento le esta empezando a irritar la garganta y las fosas nasales.
- … ¿y esto a que viene?
- No sé...- No acabó la frase y de nuevo reiamos como parvulos. Nos devolvimos las lenguas cuando necesitabamos respirar.
Después de tenerla sobre mí, desfigurados nuestros rostros de lujuria, respiramos. Y antes de soñar, dejamos que la oscuridad seque un poco del sudor nos une.
Amaneció sobre las dos y media del mediodía. Damasco, pasó la noche tosiendo y maldiciendo las espinas de pescado.
-¿Qué crees que eran esos ruidos que se han escuchado durante la noche?- se desenmarañaba el pelo mientras preguntaba a su marido
Este sonrió irónicamente y le contestó:
-Amantes de esos que trabajan hasta tarde y comienzan la fiesta cuando los demás duermen, bueno, lo intentan… menuda noche con la tos. Haz el favor irte al sofá cuando te pase algo parecido.
-Joder “¿como habré acabado en esta triste rutina contigo?”– pensó para sí misma- Ahora solo me queda imaginar, no creo que jamás vaya a vivir una de esas historias que narran los poemarios. Con tanta ilusión por vivir, y me he quedado aquí quieta, estancada en esta casa contigo para que la muerte no tenga problemas para encontrarme. Me doy pena.
-Lo entiendo, pero venga pero no te pongas triste, a ver si la semana que viene pido un día y vamos al cine. Cari... cariño, aparta, no me dejas ver la tele.
Se apartó sumisa y desde la puerta se percibió una despedida aún por dibujar:
-¡Voy a por tabaco!
Quizas pudo volver a casa con otro paquete de tabaco con el que llenar de humo sus ojos para no ver lo que no quería ver.
Quizas salió de casa para no volver y las cosas no le fueron tan bien como pensaba, o quizas si.
O quizás podría ser esa anciana que cada mañana veo en la estación, sentada en su banco rodeada de cartones y que la gente mira con algo muy parecido al desprecio.
"Eso jamás me pasará a mí" parecen pensar mientras apuran el paso mirando su reloj.

Claro que no amigos, nunca arriesgareis tanto por un sueño.
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A los que sueñan despiertos
21-06-06
servido por miperroesinmortal
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14 Junio 2006
Mi historia termina muy rápido. No te vayas es solo un momento.
Sentía cada jornada que era capaz de sobrevir solo allá lejos, de andar tras las montañas. Cuando mis padres dormían la siesta llenaba un vieja bolsa de deporte gris con papel higiénico, navajas, cuerdas, mejillones en conserva y un palo que haría las veces de cetro cuando construyera mi nuevo imperio. Tras las montañas.
Venia la familia a comer paella, hablar de ideas inviables con las que proyectar su vida hacia la riqueza, buscar esparragos, otro dia... dominguero.
Tras 3 intensos minutos de pueriles argumentos, tenía un nuevo aliado en la empresa de autosuficiencia, mi primo.
- Papá, vamos a dar una vuelta – chutábamos un balón mientras caminábamos hacía la puerta para no levantar sospechas. Críos, no ingenuos.
- Cuidado con los alacranes – dijo mi padre
- ¡¡NENE!! No te vayas a manchar,ya veras como al final la tenemos – siguió mi tia
Ya llevábamos tres horas de lenta caminata bajo el sol y al girar la vista todavía se podía ver el chalet, frustrante. Nuestro plan no iba a abortar tan facilmente, estabamos hablando de crear un un modelo de vida autosuficiente. Viviriamos cerca de un rio en el que abastecernos de agua y pescado y próximo a un bosque donde poder cazar.
Caia la noche y el valor se tornó miedo. No miedo a morir al hambre, miedo a todo. Me lamentaba sentado en una piedra. Fue mi socio quién dió animos al equipo, me tendió la mano y seguimos caminando hasta que nos tomó la ceguera.
Amanecímos sucios, pequeños como siempre, sucios como siempre... estabamos deshorientados.
A pesar de todo y el mal olor de pies... ya eramos independientes, habíamos sobrevivido a la naturaleza.
Emprendimos la marcha, cruzamos un campo de centeno y atardecimos en un bosque situado en ninguna parte, al parecer habiamos avanzado demasiado incluso para nuestras expectativas.
Los dos dias posteriores, seguimos caminando en diferentes direcciones y todas ellas desembocaban en bosques similares. Recuerdo haber cruzado cuatro. Quizas mi primo, alguno más.
Tras apartar unas ramas, llovió plomo sobre mi, caí sobre la tierra y tube tiempo para saborear el plomo, como al chupar una vieja pulsera .
Treinta años antes, dos niños quisieron ver que había mas allá de las montañas. Querían ser independientes. Vivir libres, sin autoridades.
La cosa era sencilla. Se asentarían cerca de un rio donde poder abastecerse de agua y pesca, y cerca de un bosque, donde poder cazar.
servido por miperroesinmortal
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22 Mayo 2006
He dejado la moto en el mecánico (en una hora estará lista según el). Saliendo del taller he entrado en el bar más próximo, con el ánimo de hacer tiempo y si el rugir del televisor me lo permite, estudiar.
Dudó ¿una cerveza o un café? Voy a estudiar.
- Un café
El camarero tiene una indiscutible cara de camarero.
- ¿Te importa si me siento allí? – señalo una de las mesas sin mantel que más distancia guarda con el escandaloso televisor
- Esque hoy me han reservado 4 mesas para comer - “¿a las cinco a comer?”
Cojo mi café y me siento cerca de la entrada, a un metro del televisor, que me está hipnotizando y cerca de la puerta de cristal por la que entra, bastante optimista, la luz.
Ha entrado un hombre de un sesenta años que tose de una forma estertorosa, cuando no, asquerosa. Mira el televisor con gran atención mientras sostiene su cerveza caliente en la mano. ¿Está mirando la tele? Hablan de los devenires amorosos de los famosillos ¿Y el lo está mirando? Viéndolo absorto en la caca televisiva, he pensado ¿Lo admitirá delante de los amigotes mientras juega al dominó con el puro en la boca?... y mas aún, no tiene mucho fundamento tachar a las mujeres que, ven comodamente desde su sofá el cotilleo, de marujas, cuando hay hombres que van a un bar vacío y miran entretenidísimos como Rociíto huye de la prensa, mientras sostienen una cerveza caliente en la mano. Eso no tiene nombre.
Acaba de entrar el mecánico a ¿tomarse un café?, el muy cabrón me dice “ahora te aviso” ¿¡Cabrón!?
El tiempo sigue pasando en el reloj del Valencia que preside la sala y sobre mi mesa descansan un estuche abierto, una hoja de libreta y café terminado desde hace ya… un buen rato.
Nota: el mecánico también ha sucumbido al hipnótico televisor.
...No es por ser presuntuoso pero ¿Dónde están esos veinte comensales que tienen preparado el arroz al horno desde hace más de media hora? Lo sé, porque la cocinera salió del bar estando yo aquí sentado.
El camarero se pasea con la mirada cansada, limpia ceniceros para matar el tiempo, revisa que la cafetera funcione como cada día lleva haciendo desde… noventa años diría yo por el aspecto que presenta el local. Al entrar me he imaginado al Capitán Alatriste y sus amigotes con una copa de coñac sentados frente a mí.
Bueno ya va siendo hora de que vaya a meter presión al taller, hace veinte minutos que se fue el mecánico.
Que queréis que os diga, por la cara que pone el camarero viendo las mesas vacías con veinte menús fríos encima del banco de la cocina. Si esta es la tónica general que vive a diario y le encanta el arroz al horno.
Ya sé lo que hay de primero dentro de diecinueve días.
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8 Marzo 2006
Domingo 12:00 a.m.
Jenaro salía de su casa para ir a cualquier sitio, cruzó el asfalto y encaminose entre las ajetreadas filas de coches hasta pararse a cualquier altura, miró a su izquierda, miró a su derecha por encima de la mole de vehículos y en su rostro se dibujo la expresión de lo incompresible, mirando extrañado a su alrededor, maldijo rabioso. Maldijo primero con enfado y terminó envuelto en ira, como el diablo que ríe entre fuegos.
Una mañana cualquiera, en un país libre, uno tenia total libertad para decidir lo que hacer con su vida y el… el solo quería largarse de allí y algo, alguien se lo estaba impidiendo. 
¿Quién podía ser tan egoísta dejando su coche tras el mío sin darme opción a salir? Ya dentro del coche, golpeó el volante… se ensimismó y comenzó a desesperar. Bajo el sol castigador el aburrimiento lo llevo por excéntricos derroteros para ser un domingo por la mañana, la imaginación le insinuó macabros ideas ¿y si tuviera un accidente o me amputara una oreja y tuviera que ir urgentemente al hospital? no me daría tiempo a esperar a los servicios de emergencia… la persona que ha obstruido la salida de mi coche, puede convertirse en la autentica culpable de mi muerte… en mi autentica asesina, ¿no se planteó eso cuando dejó el coche? ¿Qué desaprensivo me dejaría desangrar sentado en mi coche bajo el sol? si lo tuviera aquí delante, le mearía encima. Este último pensamiento lo hizo sonreír cruelmente mientras tocaba el claxon. Las palomas escamparon, el ruido manchó el aire.
Después de diez minutos insoportables, Mabel se sumergió bajo el edredón sin conseguir evadirse de aquel tormento acústico ni reanudar el sueño que durante tanto tiempo había anhelado “¿Qué tipo de persona es capaz de atentar contra mi sueño? Llevo casi una semana trabajando, solo tengo un día para dormir y alguien, un desaprensivo, me priva de mi derecho, a este paso voy a acabar loca… ¿no es consciente de que puede minar mi salud emocional?”. Se pasó largo rato mirando al techo entre pensamientos retorcidos y la impaciencia derrumbó su civismo. Inmersa en el mal humor que caracterizaba sus malos despertares y cargada de buenas razones se encaminó con los pies descalzos hasta el balcón, abrió la puerta e indicole al energúmeno mediante gestos que iba a bajar.
Jenaro casi al borde de un ataque de nervios vio como una joven rubia a medio vestir le indicaba que esperase zarandeando un manojo de llaves “¿ahora como le planteo la situación para que se sienta culpable y nunca jamás vuela a hacer esto?” pensó viendo que se acercaba el momento de la verdad “se merece que le pinchen la ruedas del coche… desaprensiva”. Mabel, armada con mucho más que rabia, se enfundó en la bata amarilla que portaba su nombre bordado sobre el pecho y bajó uno a uno los escalones hasta salir del portal. Desde el coche, Jenaro, observaba la que podría haber sido su asesina, mirándola fríamente a los ojos con soberbia ya estaba meditando la merecida y cruel reprimenda con la que iba a obsequiarla. Esta, cruzó con zapatillas de estar por casa el parque que los separaba raspeando la hierba, se apostó junto a la ventanilla y cuando se hubo bajado la ventanilla, casi en un segundo, encañonó al individuo e hizo fuego sobre su cara apartando la mirada; la sangre salio disparada tamizando los coches próximos. Retrocedió sobre sus pasos y ya una vez de nuevo en la cama, manchada de sangre, se alegro de haber defendido su derecho a descansar.
Una mañana de domingo en la que yo me iba a una reunión, había tenido un desayuno de infarto por el ruido que había en la calle y para colmo cuando bajé: me percate de que mi vehículo, que estaba entorpeciendo el paso a un coche, estaba todo manchado de sangre. El dueño del vehículo bloqueado ni corto ni perezoso, se había disparado a los sesos para mancharme el coche de sangre en vez de esperarse. Su brazo aun colgaba inerte por la ventanilla, indignado y en todo mi derecho le quite el reloj que relucía en su muñeca y seguidamente oriné sobre su mano esbozando en mi rostro una cruel sonrisilla.
Cada vez que cuento lo que allí sucedió, no entienden mi reacción. Nadie tiene derecho a suicidarse a propósito cerca de mi coche, si tenía prisa, que hubiera pitado.
Es indignante, el mundo esta lleno de desaprensivos.
N. del A.: Pensaréis que soy repugnante… por supuesto, estoy en mi derecho.
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18 Febrero 2006
Borja Möund Eiork, “Curry” para los colegas, ya llegaba quince minutos tarde cuando noto que había perdido un calcetín entre las sabanas y el otro lo tenia medio salido; con la gratificante sensación que, como todo sabemos, esto provoca.
— ¡Joder, joder! — dijo para sí —, van a pasar el resto de sus vidas discutiendo por el triste mando de la tele y terminando todas las veladas en las sabanas del día anterior… y lo celebran. Manda huevos.
Se dirigió, cual zombi, hacia la cocina a por su cafetito mientras que, con la mano derecha, se rascaba cuidadosamente el escroto para no lastimarse.
La luz que penetraba por la ventana cristalizó sus legañas más allá de lo habitual. Alertado por la dureza de estas decidió tomar medidas drásticas; estaba decidido, si era necesario, a lavar su cara. Ya con la cabeza bajo del grifo echó mano del jabón y se frotó la cara con fuerza. Con lo desconcertante del asunto usó su tinte para bigotes en lugar de jabón, al levantar y mirar su cara en el espejo, se repugnó a si mismo. Se sintió ridículo habiendo confundido el envase de tinte con el de jabón. Este mismo error lo habría cometido cualquiera en su lugar, no tenia jabón.
La higiene — dijo azotando el aire frente a su reflejo —, es para los curas y los chaperos, los primeros la necesitan para lavar su fariseísmo y los segundos para limpiarse los restos de espíritu santo de las nalgas después ser confesados tras los setos.
Para Borja, una boda era un potaje de hipocresía donde reinaban los besos, que tan solo buscan la huida mas rápida, y los pérfidos corrillos de cotorr@s. Así, con zapatillas de la firma “Paredes”, unos vaqueros agujereados que, desde que Ovidio se los mordió de pura lujuria mientras jugaban con el cuero, se iban deshilachando vertiginosamente, y una camisa por fuera que, sin duda, hacían de el un autentico hombre de locura; claro esta, si no hubiera sido para ello un impedimento los mechones de pelo que, secos bajo el tinte daban a su cara un aspecto curioso.
El salto, desde la ventana hasta el asfalto, no le salió tan bien como acostumbraba; eran los gajes de vivir ocupado. (Y… si, querido lector, ocupado, derrocha polisemia)
De camino al bodorrio se cruzó con dos ancianos, un perro que caminaba a saltos, instaladores del gas y un edil. Ninguno de ellos supo de donde venia ni a donde se dirigía, tan solo vieron un desconocido con melena al viento y paso veloz.
Se apresuró en saludar a la familia. La verdad, no fue muy bien recibido.
Antes de que llamaran a los de seguridad, Curry ya había llenado sus bolsillos de ternera con patatas, pan y un par de botellas de vino descorchadas que chorreaban a cada salto que este proyectaba sobre las mesas, para el espanto y repugnancia de los allí congregados. Subido encima del mantel de los novios que, no salían del asombro de ver como un desconocido devoraba cuanto se ponía a su alcance, miró a la novia a través de su melena despeinada con restos de pan y se giró hacia los comensales dando la impresión de disponerse a recitar un discurso demencial, cuando de pronto, se bajó los pantalones dejándolos caer ruidosamente sobre el plato de la novia y, si señor, allí mismo con cara de esfuerzo y un temblor enfermizo, logró desplomar una solemne barra de mierda rebosante de colorido, cual pradera en primavera.
El culo le escocia un poco después de correr 5 manzanas con restos de pastel liquido friccionando en su ano; paró para tomar aire, se limpió el culo con la manga y se sintió feliz… como ningún otro ser vivo sobre la tierra, había acometido su sueño.
Borja fue un hito en mi vida, tan solo el, supo decir sin palabras, lo que todos hemos pensado entre dientes:
“Yo, me cago en las bodas”
Desde aquí un cordial saludo a Borja; esa mierda… la cagó en nombre de muchos.
servido por miperroesinmortal
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